Pío Moa y el futuro político de España

“¿A cómo está el kilo de cabeza clara en España?” Con tanta amargura se preguntaba Azaña en sus memorias en medio de aquella guerra fratricida a cuyo comienzo había colaborado tanto. ¿Y a cómo está ahora? Una de ellas, reputadísima, y por ello imposible de comprar, es la de Pío Moa; bien que reconocerlo exige también tener la cabeza clara y valor y honradez, precisamente de lo que carecen los que más deberían tener. Por el contrario, en este magnífico artículo, nuestro ya habitual e insigne colaborador Enrique Miguel Sánchez Motos, con su habitual lucidez, valor y honradez, no tiene reparos en reconocer. A ver si cunde el ejemplo.

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 Pío Moa es probablemente uno de los analistas más lúcidos de la política de la España contemporánea. Ha tenido una evolución política personal profunda. Fue miembro de un grupo terrorista denominado, Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (GRAPO), organización marxista-leninista y maoísta, que realizó diversos atentados durante la transición. A partir de su expulsión del grupo en 1977, experimentó un paulatino cambio radical que le llevó a abandonar, y denostar, sus anteriores posiciones políticas ultraizquierdistas para pasar a sostener posiciones políticas abiertamente filofranquistas.

Desde su inicial posición emocional, fanática y revolucionaria, Pío Moa ha evolucionado a un planteamiento no sólo racional, sino profundamente empirista, en sus análisis político-históricos. Este cambio haría seguramente las delicias de Francis Bacon, gran pensador de finales del XVI. En efecto, Pio ha renunciado claramente a los “ídolos” que denunciaba ese gran pensador. Renunció a los “ídolos de la tribu española”, a la creencia generalizada de que la segunda República había sido la encarnación de la democracia y de que el Alzamiento Nacional era quien había suprimido, no sólo las políticas sociales y progresistas sino la democracia misma. Renunció a los “ídolos de su caverna particular” en los que como miembro terrorista GRAPO consideraba que la violencia y los atentados eran el camino para crear e imponer un mundo nuevo. Renunció a los “ídolos del foro o del mercado” que se caracterizan por asumir determinados términos como los políticamente correctos (progresismo, socialismo, marxismo, precio justo, teología de la liberación, antifranquismo, bando republicano, brigadas internacionales, etc) a la vez que criminaliza otros (conservador, liberal, capitalismo, libre mercado, división azul, etc). Renunció a los “ídolos del teatro”, esto es a los “intelectuales de prestigio” cuya palabra se acepta sin más: Lo ha dicho fulanito; así actuó menganito. De esta forma Pío Moa renunció a Castro, Che Guevara, Mao Tse Tung, Lenin, Marx, Engels, Largo Caballero, Pasionaria, Carrillo, las 13 Rosas, etc. Y por supuesto a todos esos autores que nos habían dado una visión de la Segunda República y de la Guerra Civil española, que no se corresponde con lo que, en gran medida gracias a Moa, se ha ido y se va conociendo ahora. Pío Moa ha puesto en cuestión a los “ídolos de la Historia de la Guerra Civil”, es decir, a historiadores que se tomaban como referencia por sus estudios, presuntamente detallados y objetivos, sobre la Guerra Civil y la Segunda República, tales como Hugh Thomas, Paul Preston, Angel Viñas, Tussel, Santos Juliá, etc.

La realidad es que el franquismo no adoctrinó a los jóvenes de su época. La asignatura Formación del Espíritu Nacional, de los años sesenta, era considerada una “maría”, es decir, una asignatura en la que no se suspendía a nadie y a la que se dedicaban escasas horas de clase. Los libros de Historia en los colegios e institutos de la época franquista acababan prácticamente en Alfonso XII. De Alfonso XIII, de la dictadura de Primo de Rivera, no se decía nada y mucho menos de la Segunda República y de la Guerra Civil. En vez de pretender adoctrinar, parecía que el franquismo colaboraba a olvidar esta etapa. De las persecuciones de religiosos o de las checas y similares, casi no se decía nada en el colegio. Lo que conocimos fue lo poco que se nos dijo en casa. Por todo ello, pero también porque el franquismo no supo abrir la puerta a la democracia en vida de Franco, las nuevas generaciones llegamos a la transición como antifranquistas, aunque, en puridad, no estábamos realmente contra Franco sino contra el hecho de que España, bajo su mandato, no hubiese evolucionado a la democracia.

Pío Moa utiliza un enfoque directo y revisionista (Los mitos de la Guerra Civil). Se apoya en materiales, ya elaborados, por los hermanos Salas Larrazábal, Martinez Bande, Bolloten, Stanley Payne, Richard Robinson, etc; en testimonios de personalidades de la época tales como Azaña, Araquistáin, Prieto, Largo Caballero, Madariaga y Gil Robles (Los personajes de la Republica vistos por ellos mismos) y en fuentes primarias tales como los archivos del PSOE guardados en la Fundación Pablo Iglesias, en especial el archivo de Largo Caballero, el Archivo de Salamanca, el diario de sesiones de las Cortes, declaraciones de los políticos en la prensa de la época, testimonios en los procesos, hemerotecas, etc.

Con todo ello Pío Moa, partiendo de sus orígenes radicales marxista-leninistas y maoístas ha llegado a conclusiones revolucionarias frente al pensamiento políticamente correcto, antifranquista, por supuesto. Lo cierto es que en nuestro país murió Franco en 1975 y hubo aun que esperar, casi quince años, para que ocurriera lo entonces impensable, la caída del comunismo en Europa del Este. De esta forma quedaron en evidencia las democracias populares, que no eran ni democracias ni populares, pero ni aun así decayó el complejo de la derecha ante una izquierda occidentalizada, que seguía, y sigue aún hoy, creyendo que goza de una superioridad moral frente a la derecha. Aun no se conoce una Cáritas comunista/socialista porque la izquierda considera que para eso está el Estado. Y muchos siguen venerando al marxismo sin ni siquiera saber qué es ni, por supuesto, haber leído El Capital ni otras obras de Marx y Engels. Pero la derecha calla.

La derecha mundial sigue intelectualmente acomplejada y no se da cuenta de que mientras que no demuestre la perversidad y los errores de Marx y Engels, seguirá dando alas a un progresismo de salón, a un progresismo altanero, seguro de su superioridad moral, a pesar de sus evidentes fracasos (Cuba, Venezuela, Nicaragua). En España la derecha se ve afectada gravemente también por esta carencia intelectual, a la que se une la herida, mal cerrada, de la Segunda República, la Guerra Civil y Franco. Mientras que la derecha española no se dé cuenta de que este es un eje estratégico clave, mientras que no sepa hacer una valoración realista, serena, escuchando a todos, mientras que no sepa que debe enfrentarse a la Mentira Histórica y desmontarla, le faltará la convicción y la fuerza necesarias para caminar hacia la convivencia democrática dentro de un orden económico y social justo, que es lo que propone nuestra Constitución.

Dinero público hay sobrado, y si se evitaran los despilfarros más aún, para fomentar los estudios sobre estos temas españoles claves, poniendo especial énfasis en los archivos históricos y hemerotecas existentes, así como en los testimonios que hayan dejado quienes vivieron en esas épocas. Pío Moa ha puesto y sigue poniendo sobre la mesa temas cruciales. La verdad no debe darnos ningún miedo. Aunque pueda parecer contradictoria o inoportuna, es el único camino para que deje de ser de aplicación en España el famoso verso de Machado: “Españolito que vienes, al mundo te guarde Dios. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón”. Lector, un mundo nuevo es posible, pero es necesaria la verdad, basada en datos objetivos aportados desde todos los lados. Pío Moa está haciendo una gran labor en este tema.

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